domingo, 21 de enero de 2018
En la ladera de una montaña, arriba y cerca de las nubes, está mi lugar Sagrado, ese al que voy a meditar desde donde me encuentre.
Es una cueva desde la que puedo ver todo un valle, sintiendo mi espalda segura y mi Ser contenido.
Creé ese espacio en una meditación guiada y ha sido el lugar al que puedo ir cuando quiera, mi lugar de Poder.
Hay muchos conceptos y palabras que se han ido resignificando al correr de estos años, mientras avanzo por un camino de aprendizaje y profundización distintos a los que antes me hicieron sentido.
Una vez, tomando una clase de historia en una formación antroposófica de pedagogía Waldorf a la que asistí el año 2011, un profesor me abrió los ojos a una realidad que yo no había procesado jamás: Todos podemos cambiar nuestras Vidas en 180 grados, y cuantas veces queramos.
Quedé estupefacta.
Dentro de mí se desmoronó una especie de muro de Berlín gigante y la nube de polvo me dejó ciega de confusión por días.
En mi cabeza giraban las palabras "transformación", "giro", "cambio", y mi inocente y restringido abanico de posibilidades hacía unos esfuerzos enormes por abrirse, a punta de mi notable esfuerzo. Fueron estrellas brillantes en la noche más oscura, aquellas expresiones. Resignificación absoluta.
Increíble cómo una clase de historia me pudo cambiar la Vida para siempre.
Me habían visado para emprender un camino distinto. Permití a mi Ser comenzar a soñar con algo diferente. Me abrí, de a poquito, a eso que me hacía sentir viva, cada vez más viva: transformarme con consciencia.
Claro, quién me había metido en la cabeza que yo tenía que ser siempre lo mismo, trabajar en lo mismo, gustar de lo mismo, caminar por donde mismo??
No fui yo, fueron mis experiencias, el cómo y con quiénes me formé desde pequeña. Y qué bueno que fue así, lo agradezco, si no, cómo notar la maravillosa diferencia con lo que estaba apareciendo en ese instante.
En ese mágico y revelador momento de mi Vida, me dí permiso para experimentar el cambio, de manera consciente y contenta.
Todo un paso. Y comencé a viajar sin destino prefijado, sino que aprendiendo a que mi brújula fuera mi corazón.
Y créeme, es lo más difícil y más gratificante que he podido hacerme a mí misma.
Nunca sé cuánto tiempo durará algo, y tampoco sé si me darán ganas de hacer algo diferente a lo que estoy haciendo pronto o no. Me atrevo a aventurarme sin temor porque no hay límites internos para vivir. Es una sensación increíble.
La Vida de Freddy Mercury se transformó en la segunda nota de mi composición interna hacia el ilimitado poder de cambiarlo todo, y de ser tan flexible como quiera, y de no serlo cuando sea oportuno . Siempre desde mi sentir y desde mi deseo. Fue la segunda nota, porque la primera ya había quedado escrita un par de años antes, con la lectura de un libro muy importante para mí. Ya te contaré.
Me gustaría quedarme un poquito en eso de ser flexible o estructurada, como posibilidades válidas y necesarias (según sea el caso). Me lo puso tan clarito un terapeuta fantástico que tengo el honor de conocer. Me dijo: No eres libre cuando te autodefines como ultra flexible, y no sales de esa forma de resolver, pues te limitas y no tienes más que esa polaridad para hacerle frente a las situaciones. Por el contrario, cuando te permites estar en el presente, y aceptarte o flexible o estructurada, según sea el caso y la necesidad, sí estás siendo libre, pues no hay una limitación prefijada en tí misma que te vuelva esclava de una autoimagen y de una sola manera de responder. Obsérvate a cada momento, me dijo, y actúa ( da respuesta consciente, no sólo reacciones) permitiéndote ser como mejor afrontes aquello.
Tanto Maestro que aparece cuando andas atento y estás lúcido.
Y, por qué Freddy Mercury?, porque fue el personaje del que me habló ese profesor de historia. Me contó que Freddy Mercury dio un vuelco total a su Vida, y transformó todo cuanto fue al reconocerse homosexual y dejar una forma de vivir y con ello a personas y decisiones, siendo fiel a sí mismo y a su corazón. Pareciera una información tan simple. Pero para cada uno hay momentos de insight que parecen aluviones de sabiduría. Ese lo fue para mí.
Un par de años antes de escuchar esa clase, recibí un regalo de mi papá. Y aquí retomo lo de la primera nota de mi composición interna. Ese regalo fue un libro: Usted puede sanar su Vida, de Louise hay.
Cuando leí ese libro se abrieron portales de transformación y de lucidez que no podrían haberse abierto antes. Estaba preparada para ese contenido. Había sobrevivido al dolor más intenso y a la sensación más horrible: ser una muerta en Vida. Sí, la depresión que me acompañó por más de un año (hace casi diez) me marcó profundamente, y me llevó a ese otro escalón evolutivo, en el que uno se siente teniendo otra oportunidad, agradeciendo no haber muerto y pudiendo transformarse desde el horror.
Hoy, recurro a mi cueva segura y secreta, donde sólo entro yo y mi Paz.
Pero no siempre fue así, han sido años de trabajo interior, y aún hoy, a veces no logro llegar a la cueva de manera fluida, pues me entrampo en la mente enredosa que complica las cosas. Por qué te digo esto?, porque quiero llegar a ese lugar de tu corazón en el que te puedes decir: continúa, todos podemos lograrlo, todos podemos tener una cueva o una isla o un planeta donde ir y aprender a vivir de manera más consciente y en mayor Bienestar,
Si yo pude, tú puedes. Es un desafío demasiado entretenido.Siempre estás invitado a hacer de tu Vida una experiencia que sea un placer. Sólo depende de cada uno.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario