Las cosas bellas de la Vida pueden ser el mejor combustible para nuestra Alma deseosa de sentir alivio, Bienestar, estímulo sano y energizante, y Paz Interior, por supuesto.
Desde que comencé a vivir sola con mis hijos (hace casi diez años), empecé a aprender a crear esas cosas bellas. Y aquí tengo que hacer un gran paréntesis, porque antes también lo hice, pero desde otro lugar interno, y el cambio de foco hizo una gran diferencia.
Cuando me volví consciente pude ser artífice de eso que estoy creando para mí y mis personas amadas, y los que estén en mi camino sincrónicamente.
Antes, viví repitiendo lo que me enseñaron, pero sin que fuese mío. Muchas de esas cosas fueron agradables, pero sólo desde que conecté con mi interior, mi vacío eterno, mi Divinidad interna, es que pude cocrear; antes, era una autómata. Y al menos, yo, no quise seguir viviendo así.
Antes, no me daba cuenta por qué me sentía tan incómoda en ciertos lugares, por qué tenía una sensación de "cómo puedo sentirme así si lo tengo todo" (y con todo me refiero a esa Vida ideal que nos enseñan a desear: casa, auto, plata, matrimonio, "estabilidad"... puede que a alguien le funcione, pero según mi experiencia y lo que he visto, a la mayoría, no).
Todo lo vivido y lo que me he permitido vivir me ha dado una mirada propia de mi crecimiento y de lo que significa esa consciencia y es lo que quiero compartir contigo.
Vivir con consciencia, para mí, es estar atenta a cada señal en el Camino.
La conexión con mi centro es el puente a la dimensión donde puedo vibrar en la misma frecuencia que el Universo.
Observo mi evolución porque estoy sintiéndo-Me. Abro mis ojos a la mirada interna. Me acompaño y me Bendigo.
Los Elementos me guían: Fuego, Tierra , Aire, Agua, cada uno en su Sabiduría y profundidad.
Pues bien, ahora, haciendo un feedback hacia mi infancia, puedo ver que conectaba con aquello de fluir a la perfección. Horas de patio al sol, tierra y plantas para jugar, un cerrito para enmimismarme y volar a lugares remotos a crear historias, mucha actividad física, bicicleta, gimnasia, canto, en fin, mucha infancia con sentido, pero sin esfuerzo consciente. Maravilloso.
Luego, la adolescente ya empezó a enredarse entre las emociones contradictorias, las experiencias de tono más adevrso y el cambo de piel. No me quejo, mi adolescencia fue también un tiempo bueno, dentro de todo.
Y la etapa en que me perdí fue la posterior, cuando no supe serme fiel, y ahí siento que redunda el tema que a mí, personalmente, me mandó un ratito largo a la porra.
El hecho de entregarse a un otro no debería volverla a una infeliz, pero los detalles de esa entrega y las concepciones arcaicas culturales, los vicios abusivos, los ejemplos de la peor calaña que nuestros Hombres han repetido por generaciones y a los que nosotras como Mujeres hemos estado expuestas son el peor caldo de cultivo para perderse. Y bueno, me perdí.
Me perdí de mí misma, de mi propia naturaleza, de esa niña y joven que fui. Eso estuvo triste.
Me encontré un día, a los 35 años, con una sensación en medio del pecho, un hoyo, una confusión tan insoportable que ya no pude desconocerla más. Mi cuerpo me hizo ver, a través de la depresión, que ya no me hallaba ahí dentro, que tenía que aprender a habitarme de nuevo, que el trabajo para esta nueva etapa era conmigo misma, con otra impronta y con otras creencias, con la posibilidad de crearme y recrearme, de encender mi Luz, de ser quien quería ser.
Hay muchos años de proceso, y mientras los transité no podía ver qué estaba haciendo, pero al dejar que la intuición me guiara e ir haciéndome una con mi nueva sensación existencial, me fui construyendo a "mi pinta", eligiendo yo desde mí, abriéndome a nuevas personas, nuevas experiencias, nuevos aprendizajes.
Mi gran tesoro es mi Valentía, aquella que me permite atravesar el miedo y darle con todo, hacerle frente a la incertidumbre y a lo desconocido, porque ahí está mi trabajo, no en lo fácil.
Me he transformado en la Mujer que quiero ser, y eso me da Bienestar.
Hay señales muy claras para saber que estás caminando tu senda con sentido y con gozo: dormirte cada noche tranquila, sintiendo que hiciste tu mejor trabajo y que si hubo algo que no estuviera tan bien, sin martirizarte, tienes un mañana para enmendarlo; sentir en lo profundo que hay algo Superior que te cuida siempre, te guía de manera silenciosa ( y a veces muy ruidosa, también); poder conectar con tu Voz Interior y con la escucha de tu Ser más íntimo. No te puedes equivocar, estás en tu Camino gozoso, como lo nombra Castaneda ( ya será tema para otra publicación).
Y regreso al tema de crear mi propio Bienestar, al paseo tranquilo , a mirar con fruición la belleza de un "algo" que es tan misterioso que se vuelve un milagro insondable.
Resignificar la existencia es todo un desafío.
Cambiar de ruta para ir de un lugar a otro, comer sintiendo cómo te nutres y no cómo te llenas, poder ver en otros seres humanos a la Divinidad, sentirte parte de un plan mucho mayor a lo que nuestra mente pueda pensar, unirnos a otros seres y darle Vida a un nuevo pulsar de un nuevo corazón.
Chispazos de Luz, sin duda, efímeros pero poderosos, recalcitrantes y duraderos, grabados a fuego en el Alma.
Cada uno encuentra su forma, su ritmo y su Plenitud, siempre que se escuche y se haga caso; siempre que se ame tanto como para darse permiso, para respetarse.
Quiero expresarte mi Alegría de vivir, mi certeza de que podemos hacer de nuestras Vidas algo siempre mejor, porque así lo decidimos.
Elegimos a cada segundo. Tenemos la fortuna de poder hacerlo, y si somos conscientes esa elección se vuelve el cincel con que esculpimos nuestra realidad. Es una belleza.
Encender una vela puede ser muy utilitario, como también puede ser todo un acto de manifestación de un mundo interior espiritual enormemente rico y pleno.
Así comencé yo, encendiendo una velita y sientiéndome acompañada desde otra dimensión.
Te invito a resignificar, a estar atento, a regalarte lo mejor, porque te lo mereces.

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